realmente no la esperaba esa noche

El timbre del portero rompió el silencio de la noche, abrí la puerta y reconocí la cadencia de cada uno de sus pasos por el pasillo. Apoyado en la puerta esperaba a que su figura, su cuerpo, mi deseo, apareciese.

Todo estaba a oscuras, solo un par de velas iluminaban la habitación.

Todo estaba en calma, solo nuestras respiraciones rompían el silencio.

No había nada preparado, todo fue un fluir, con avidez nos deshicimos de la ropa, nuestros cuerpos se estaban llamando. Tan solo un susurro en su oido hizo estallar una explosión de pasión que nos hizo caer al suelo.

Teníamos todo el tiempo del mundo y a la vez nos consumía la premura de enzarzarnos en una lucha cuerpo a cuerpo, sin perdedores, solo dos combatientes que luchan por conseguir una victoria: la plena excitación ajena.

Nuestros cuerpos comenzaron a sudar, entre su pecho un delicioso néctar y mi lengua, cual abeja recolectaba hasta la última gota de ese elixir de placer. Queriendo prolongar ese divino sufrimiento mis manos acariciaron cada una de las partes de su cuerpo, su cuello, sus carnosos labios, su lacia y larga cabellera, su espalda, sus pequeños pezones erectos que invitaban a lamer, sacando todo su jugo de vida. Su cuerpo se estremecía a la vez que sus susurros me invitaban una y otra vez a estar dentro de ella.

y si todo fue un sueño......