Todo fue rápido, muy rápido. En menos de dos meses, se pasó del todo a la nada.
De las las miradas a escondidas y mensajes inocentes a las noches de soledad y anhelo, y entre estos dos extremos un sinfín de besos, abrazos y demás cosas que el simple hecho de recordarlas hace que se estremezca todo alrededor.
Tanto nos dimos que terminó por explotar, pero ¿qué encendió la mecha para que se produjese este desorden?. La incesante búsqueda a esta respuesta es la que por las noches me impide dormir, la responsable de que día tras día me pregunte qué hice mal, ¿en qué momento todo cambió?, ¿cómo no fui capaz de darme cuenta de que poco a poco nos distanciábamos? son tantas las preguntas que están sin contestar que me ahogo al repetírmelas una y otra vez.
Y siempre llego al mismo extremo: te anhelo.